El declive rural en los Pirineos no es culpa del lobo ni del oso
El declive rural en los Pirineos: un proceso que comenzó mucho antes del regreso del lobo y del oso
Artículo | por J. Pau Vázquez
En las siguientes fotografías aéreas podemos comparar cómo ha cambiado el paisaje pirenaico entre los años en que no existían lobos y apenas quedaban algunos ejemplares de oso. Las fotografías en blanco y negro de los años 50 destacan por la amplia presencia de pastos y campos de cultivo. Sin embargo, en las fotografías de 2023 se aprecia cómo durante estas décadas la masa forestal ha avanzado, ilustrando que el declive del mundo rural no es culpa ni del oso ni del lobo porque prácticamente no existían. Solo son unos ejemplos de algo que podríamos extrapolar a prácticamente todo el Pirineo.








El retroceso de la actividad económica rural, basada en modelos extensivos, semi-extensivos y de subsistencia, comenzó mucho antes del regreso del oso pardo y del lobo. Tras la Guerra Civil, muchas familias agroganaderas de los valles pirenaicos emigraron hacia las grandes urbes de provincias como Barcelona, Lleida o Huesca, e incluso hacia otros países como Francia o Alemania. Pueblos de todo el Pirineo quedaron deshabitados, no por los lobos (prácticamente desaparecidos durante casi todo el siglo XX) ni por los osos (cuya población llegó a mínimos históricos, apenas 5 individuos), sino por las transformaciones socioeconómicas: la falta de servicios básicos, la ausencia de inversiones en infraestructuras rurales, la desconexión con los mercados urbanos, el desarrollo de las estaciones de esquí, la mecanización agrícola (por ejemplo, desaparecieron los numerosos criaderos de mulas en los Pirineos), el auge de las macrogranjas, el aumento de la burocracia y muchos otros factores que lamentablemente condenaron la vida rural pirenaica como motor económico, propiciando además la pérdida de identidad y costumbres locales.

A mediados de los años noventa, cuando se inició el proyecto de recuperación de la población de osos en el Pirineo, el mundo rural pirenaico ya llevaba décadas sufriendo pérdida demográfica y económica. Hoy entendemos que la coexistencia sea un factor que rara vez es tenido en cuenta por determinados sectores, sobre todo después de décadas en que la administración ha olvidado la vida rural mientras incentivaba la industrialización del país y la turistificación del territorio, que han sido la estocada final para los pueblos pirenaicos.

Por suerte, actualmente están emergiendo pequeños proyectos rurales y regenerativos que integran el cuidado de nuestra biodiversidad con la actividad primaria sostenible. Son modelos de producción que, lamentablemente, a menudo son desincentivados por los gobiernos autonómicos mediante trabas burocráticas, lo que ha motivado movimientos como “Foc als papers” (Ramaderes de Catalunya) y la creación de asociaciones vecinales que fomentan la vida rural sin la pérdida de nuestra identidad, cuya lucha desde ADLO apoyamos al 100%.
Por otro lado, entendemos que el enfoque turístico del oso puede ser positivo, pero no en aquellos lugares donde el cupo turístico ya excede los límites de la sostenibilidad. El enfoque urbanita de atraer visitantes para ver osos implica más ocupación de apartamentos, habitaciones y casas rurales, e indirectamente más precarización laboral… en un contexto donde quienes habitamos estos pueblos pirenaicos enfrentamos ya serios problemas de acceso a la vivienda. Para abordar el turismo de observación de osos antes hay que abordar la turistificación ya existente que, a diferencia del Cantábrico, aquí sumamos la masificación de la temporada de esquí, afectando aún más el contexto socioeconómico de los que habitamos el Pirineo. Para recibir y obtener nuevas oportunidades de futuro en Pirineos antes hay que liberar masa turística.

Un siglo XX en el que la administración ha ignorado sistemáticamente cualquier proyecto que buscara garantizar un futuro sostenible a través de la actividad rural, en equilibrio con la biodiversidad y la cultura pirenaica. Un enfoque urbanita politizado que ha condenado a los habitantes locales a perder su libertad, obligándolos a sentarse, en este caso, en mesas de trabajo sobre el lobo/oso estériles, que rara vez arrojan resultados reales. El habitante del Pirineo sumergido en la vida rural —quien cuida de verdad su ganado, su tierra o su Patrimonio Cultural día a día (no el ganadero a tiempo parcial ni el promotor oportunista)— sabe perfectamente que el oso y el lobo no son sus principales enemigos. Aquí, todos sabemos que el verdadero “lobo con piel de cordero” son los gobiernos regionales, autonómicos y estatales, que aseguran mediar en un conflicto que ellos mismos han alimentado, imponiendo infinitas trabas burocráticas a quienes aún quieren apostar por el mundo rural y cerrando acuerdos de libre comercio entre la UE y Mercosur, permitiendo la importación de carne extranjera. Estos son los verdaderos problemas del mundo rural. Podríamos poner nombres y apellidos de lobos con piel de cordero, aunque preferimos no hacerlo, porque algunos gobiernos regionales como el Conselh Generau d’Aran tardan muy poco en querellarse infructuosamente contra quienes ejercen su derecho a la libertad de expresión para defender una especie protegida, como ocurrió con algunos artículos del caso Cachou y las supuestas vulneraciones del código deontológico de la FAPE (todas desestimadas por la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología del Periodismo).
29 años de «conflicto» con el oso, y ahora con el lobo, y la situación sigue igual de tensa… nadie ha asumido responsabilidades y se siguen matando osos y lobos.

